Para memorizar:
«Como el Padre me amó, también yo los he amado» (Juan 15: 9).
Para memorizar:
«Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a
Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3)
Para memorizar:
«El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» (Luc. 14:
11).
Para memorizar:
«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de
dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos,
y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb. 4: 12).
Para memorizar:
«Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, antes hará lo
que yo quiero, y prosperará en lo que le ordené» (Isa. 55: 11).
Para memorizar:
«Amo al Señor, porque ha escuchado mi voz y mis súplicas, porque ha inclinado
a mí su oído, por eso lo invocaré mientras yo viva» (Sal. 116: 1, 2).
Para memorizar:
«Pueblos, esperen en él en todo tiempo, derramen ante él su corazón. Dios
es nuestro refugio» (Sal. 62: 8).
Para memorizar:
«La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos»
(Heb. 11: 1).
Para memorizar:
«Jamás olvidaré tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado.
Tuyo soy; sálvame porque he buscado tus mandamientos» (Sal. 119: 93, 94).
Para memorizar:
«Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1: 9).
Para memorizar:
«Y no solo esto, sino que nos alegramos aun en las tribulaciones, al saber
que la tribulación produce paciencia; y la paciencia produce un carácter probado;
y el carácter alienta esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el
amor de Dios está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo
que nos ha sido dado» (Rom. 5: 3-5).
Para memorizar:
«Dios, el Señor, me dio lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento
al cansado; mañana tras mañana me despierta el oído para que oiga como
los sabios» (Isa. 50: 4).
Para memorizar:
«Amados, ahora ya somos hijos de Dios; y, aunque no se ve aún lo que hemos
de ser, sabemos que cuando Cristo aparezca seremos semejantes a él, porque
lo veremos como es él» (1 Juan 3: 2).